Las cifras que el rugby femenino necesitaba: qué nos dice el primer gran estudio de lesiones del WXV

Un estudio publicado en enero de 2026 en la revista Frontiers in Sports and Active Living analiza por primera vez las lesiones sufridas durante las competiciones WXV 2023 y 2024. Los datos confirman que el rugby femenino internacional es una disciplina de alta exigencia física, con la fatiga, la rodilla y la conmoción cerebral como los grandes protagonistas del parte médico.

Un vacío que había que llenar

Durante décadas, la epidemiología del rugby de alto nivel ha sido terreno casi exclusivo del juego masculino. Los estudios de lesiones en Copas del Mundo masculinas llevan publicándose de forma sistemática desde hace más de veinte años. Para el rugby femenino internacional de XV, en cambio, solo existían datos del Mundial de 2006 y del de 2010. Un hueco enorme para una disciplina que no ha parado de crecer.

La creación del WXV en 2023 —la competición anual de tres niveles que World Rugby lanzó para aumentar las oportunidades de juego de las selecciones femeninas y generar vías de clasificación para el Mundial 2025— permitió llenar ese vacío. El organismo aprovechó las dos primeras ediciones del torneo para implementar un sistema de vigilancia de lesiones con los equipos médicos de las veinte selecciones participantes. El resultado es este estudio, firmado por Colin Fuller y Aileen Taylor de Colin Fuller Consultancy Ltd, y publicado el 29 de enero de 2026.

Las cifras: incidencia, severidad y carga

El estudio analizó 101 lesiones registradas a lo largo de 108 partidos de equipo disputados entre 2023 y 2024, con una muestra de más de 1.000 jugadoras. La incidencia global fue de 49,5 lesiones por cada 1.000 horas de partido, con una severidad media de 42,2 días de baja.

Para entender el peso real de esas cifras conviene ponerlas en contexto. La incidencia del WXV es significativamente más baja que la de los mundiales masculinos de 2015 y 2019, donde se registraron 90,1 y 79,4 lesiones por cada 1.000 horas respectivamente. Sin embargo, la severidad media es notablemente más alta: los hombres promediaron alrededor de 29 días de baja en esas mismas ediciones. La combinación de ambos factores —incidencia y severidad— da como resultado una carga de lesión (días de baja por cada 1.000 horas de partido) similar entre el rugby femenino y el masculino de élite.

Un dato que llama especialmente la atención: el 9,9% de las lesiones registradas fueron lesiones mayores, con más de 90 días de baja. Seis de las diez lesiones de este tipo fueron roturas de ligamento cruzado anterior o posterior.

La segunda parte, el gran momento de riesgo

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es la distribución temporal de las lesiones. Dos tercios de todas las lesiones —tanto en tres cuartos como en delanteras— se produjeron en la segunda mitad de los partidos. La diferencia entre ambas partes fue estadísticamente significativa, y los autores señalan la fatiga como el factor de riesgo más probable detrás de este patrón.

No es un fenómeno exclusivo del rugby femenino: estudios previos en el WXV masculino de 7s y en los mundiales masculinos de XV muestran tendencias similares. Pero el dato cobra especial relevancia en un momento en que World Rugby trabaja en la implementación de límites de exposición para las jugadoras de élite —una medida prevista para 2026 que este estudio ayuda a justificar con datos concretos.

Rodilla y cabeza: el mapa de las lesiones

El perfil de lesiones difiere entre tres cuartos y delanteras, aunque la rodilla aparece como zona crítica en ambos casos.

Para las tres cuartos, la conmoción cerebral fue la lesión más frecuente (23,3% del total), seguida de las lesiones de ligamentos de rodilla (16,3%). Sin embargo, cuando se mide el impacto en términos de días de baja, la rodilla se convierte en la gran protagonista: las lesiones ligamentosas de rodilla causaron el 36,8% del tiempo total de baja en este grupo.

En las delanteras, las lesiones de rodilla (15,5%) y tobillo (14%) lideraron la clasificación de frecuencia. Pero el dato más impactante es su peso en tiempo de baja: las lesiones de ligamentos de rodilla en delanteras generaron el 60,2% del tiempo total de ausencia. Un porcentaje que refleja tanto la gravedad de estas lesiones como la alta presencia de roturas de cruzado en el grupo de delantera.

📊 Lesiones más frecuentes · WXV 2023-2024

  • Tres cuartos: Conmoción cerebral (23,3%) · Ligamentos de rodilla (16,3%) · Ligamentos de tobillo (7%) · Rotura muscular pierna (7%)
  • Delanteras: Ligamentos de rodilla (15,5%) · Ligamentos de tobillo (10,3%) · Conmoción cerebral (8,6%) · Rotura muscular pierna (6,9%)
  • Principal causa de tiempo de baja en tres cuartos: Rodilla (36,8%)
  • Principal causa de tiempo de baja en delanteras: Rodilla (60,2%)
  • Incidencia global: 49,5 lesiones / 1.000 horas de partido
  • Severidad media: 42,2 días

El placaje, en el origen de todo

Como en todas las formas de rugby, el placaje es la acción más asociada a las lesiones. En el WXV, ser placada fue la actividad más frecuentemente ligada a las lesiones de rodilla y tobillo, mientras que el acto de placar fue el principal factor en las conmociones cerebrales: el 42,9% de los traumatismos craneoencefálicos se produjeron en jugadoras que estaban realizando el placaje.

El estudio también recoge los datos sobre la retirada inmediata del campo de las jugadoras con conmoción: el 66,7% fueron retiradas de forma inmediata, frente al 38,5% registrado en el Mundial femenino de 2010. Una mejora significativa en la gestión del protocolo que refleja el trabajo realizado por World Rugby en materia de bienestar de las jugadoras durante la última década.

Jugadoras más pesadas, juego más físico

El estudio también aporta datos antropométricos relevantes. Las jugadoras del WXV pesaban de media 77 kg, significativamente más que las participantes en el Mundial femenino de 2010, que promediaban 73,7 kg. Los autores relacionan este aumento con la profesionalización del juego, siguiendo el mismo patrón que se observó en el rugby masculino durante su transición al profesionalismo en los años noventa.

La tendencia tiene implicaciones directas en el riesgo de lesión: un mayor peso corporal implica mayor momentum en los contactos y mayores fuerzas de impacto, lo que puede explicar parcialmente el aumento de la incidencia de lesiones respecto al Mundial de 2010, aunque la diferencia no alcanzó significación estadística.

El problema estructural que los datos no capturan

Los datos del estudio miden lo que ocurre dentro del campo. Pero hay una capa más que los números no alcanzan: las condiciones en las que muchas de estas jugadoras llegan a esos partidos.

El WXV se juega en ventanas internacionales concentradas de octubre y noviembre. Muchas selecciones femeninas trabajan con plantillas más cortas que sus equivalentes masculinas y con menos rotación real durante los partidos. A eso se añade una realidad específica del rugby femenino de élite: hay jugadoras que enlazan temporadas en el hemisferio norte con convocatorias de selecciones del hemisferio sur, acumulando carga sin los periodos de recuperación que el calendario masculino —más regulado y con mayor apoyo institucional— sí contempla.

El estudio no puede medir eso. Pero sus cifras cobran otra dimensión cuando se leen desde ahí: una incidencia de 49,5 lesiones por 1.000 horas en jugadoras que en muchos casos llegan al WXV después de temporadas largas en clubes semi-profesionales, con equipos médicos limitados y escasa estructura de recuperación entre partidos.

Una base de datos para el futuro

Los propios autores reconocen las limitaciones del estudio —se centra exclusivamente en lesiones en partido, no cubre entrenamientos ni lesiones sin tiempo de baja— pero su valor como línea de base es indiscutible. Por primera vez existe información epidemiológica robusta, recogida de forma sistemática y con metodología consensuada internacionalmente, sobre lo que ocurre físicamente en el rugby femenino de alto nivel.

World Rugby avanza en la implementación de límites de carga anuales para jugadoras de élite a partir de 2026. Este estudio proporciona la evidencia científica necesaria para calibrar esos límites de forma específica para el juego femenino, sin extrapolar datos masculinos a una realidad diferente. Pero los datos solos no son suficientes: la conversación sobre cómo se cuida a las jugadoras tiene que incluir también la longitud de las ventanas internacionales, la profundidad de las plantillas, las condiciones de viaje y recuperación y la inversión en equipos médicos para selecciones que siguen siendo, en muchos casos, semi-profesionales.

WXV ya cambió el calendario del rugby femenino internacional. Los datos de lesiones apuntan a que también debería cambiar la conversación sobre cómo se protege a quienes lo hacen posible.

Fuente: Fuller CW y Taylor A (2026). Women’s 2023 and 2024 WXV international rugby competitions: injury surveillance study. Frontiers in Sports and Active Living, 8:1745865. doi: 10.3389/fspor.2026.1745865

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